En los Andes, la conservación no siempre comienza con la especie más amenazada a la vista. A veces empieza en lo cotidiano, en la salud de los perros y gatos que viven cerca de la fauna silvestre, en la protección del ganado, o en las decisiones que una familia toma cuando enfrenta pérdidas causadas por otros carnívoros. En paisajes compartidos, la coexistencia debe construirse desde varios frentes.
Eso fue lo que la Alianza Gato Andino fortaleció durante 2025 en comunidades de Argentina y Perú al integrar en un mismo territorio acciones de tenencia responsable y mitigación de conflictos. Esta estrategia se implementó en Lagunillas del Farallón y Loma Blanca, en Argentina, y en San Juan de Tarucani, en Perú, contribuyendo a la protección de aproximadamente 860 km² en Argentina y 410 km² en Perú de hábitat clave para la conservación del gato andino.
A través del programa Pawsitive Actions, AGA trabajó con perros y gatos de las comunidades participantes. Durante el año, 277 dosis de vacunación, 232 desparasitaciones y 31 esterilizaciones ayudaron a reducir riesgos sanitarios en contextos donde los animales domésticos suelen moverse libremente y entrar en contacto con la fauna silvestre.
Al mismo tiempo, el componente de mitigación de conflictos se enfocó en reducir pérdidas de ganado causadas por otros carnívoros silvestres, especialmente pumas y zorros. Aunque el gato andino no depreda ganado, este tipo de conflictos puede desencadenar respuestas indiscriminadas que también lo ponen en riesgo. Para ayudar a prevenirlo, se implementaron medidas de disuasión no letal con 9 pobladores en Argentina y 22 en Perú, incluyendo Foxlights, luces solares con sensor de movimiento, dispositivos reflectivos adaptados y una radio solar. Con las nuevas entregas de este periodo y las que siguen funcionando desde años anteriores, actualmente 55 herramientas de prevencióncontribuyen a proteger al ganado y fortalecer la coexistencia en estos paisajes.
Pero el corazón de este proceso no estuvo solo en los equipos, sino también en los compromisos construidos con las comunidades. Todas las personas que recibieron medidas de mitigación firmaron acuerdos de conservación con compromisos concretos, como no matar pequeños felinos silvestres, evitar el uso de venenos y priorizar respuestas no letales frente a los conflictos con otros carnívoros.
En la puna, conservar al gato andino también implica reducir riesgos indirectos y sostener la coexistencia en el tiempo. Cuando la conservación se aborda desde varios frentes a la vez, no solo se protege mejor a una especie. También se fortalecen las condiciones que hacen posible la vida compartida en los ecosistemas altoandinos.
Este esfuerzo forma parte del trabajo sostenido por la Alianza Gato Andino en distintos paisajes de los Andes, con el acompañamiento de Wildlife Conservation Network, aliado histórico de la organización. En Argentina, estas acciones contaron además con el valioso compromiso de las médicas veterinarias Claudia Ancasi y Florencia Rivera. En Perú, se reconoce especialmente la participación de la médica veterinaria Ana Lucía Zevallos Segovia y de su equipo de la veterinaria ZEVET.
En Perú, parte de estas acciones se desarrolló en el marco del proyecto “Conservación del Gato Andino en Bolivia y Perú”, implementado por la Alianza Gato Andino en colaboración con Fundación Teko Kavi y financiado por el Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF). El CEPF es una iniciativa conjunta de la Agencia Francesa de Desarrollo, Conservación Internacional, la Unión Europea, la Fundación Hans Wilsdorf, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el Gobierno de Canadá, el Gobierno de Japón y el Banco Mundial. En los Andes Tropicales, el programa es financiado por el Gobierno de Canadá a través de Asuntos Globales Canadá, con el propósito de fortalecer la sociedad civil en la conservación de la diversidad biológica.